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La vida es el conjunto de historias, momentos, acciones, sentimientos y más cosas que día a día nos pasan, tanto externa como internamente. Es un camino que se nos obliga a recorrerlo con solo nuestros medios; al inicio de esta, la muestra más grande de amor que se nos ofrece es el cariño y cuidados de nuestros padres; es cierto que muchos no somos tan afortunados y solo se nos otorga ya sea el cariño de una madre o de solo un padre, separados por razones que ellos solo comprenden y cargan sobre ellos y que hicieron que sus caminos se separasen.

Más tarde en nuestro camino, se nos otorga una cualidad sumamente importante, en mi opinión, la más importante de todas las cualidades que una persona pueda tener, “El amor”. El amor nos permite como individuos poder hacer y demostrar muchas cosas; en la infancia, cuando apenas empezamos aponer en práctica todas nuestras cualidades, empezamos amando nuestras cosas, nuestros juguetes, caricaturas, dulces, y todo es amor por cosas de nuestra propiedad incluyendo a nuestros padres y hermanos, en caso de tenerlos claro.

Más tarde en nuestro joven camino, ya casi dominadas nuestras capacidades de explotar nuestras cualidades, aprendemos a dar y otorgar lo que llevan muchas personas dándonos, “Amor”. Comenzamos dando amor a nuestros amigos, nuestra familia, mascotas y demás. Aún mucho después de esto, y me refiero a la adolescencia (o un poco antes para algunos), descubrimos algo inusual, las ganas de compartir más tiempo con una persona en especial, muchas ocasiones las primeras veces, esto sale completamente horrible hasta que como todo, aprendemos a dominar el arte (mas unos que otros).

Llegado el momento y lo más importante, la persona, tomamos la decisión de dar más a esa persona de lo que antes nos han dado y entonces es justo el momento en que la vida, esa dulce vida que has recorrido hasta entonces, te da los más grandes sabores dulces como amargos.

Y a todo esto… ¿cómo la desperdiciamos?

Comenzamos a desperdiciarla cuando empezamos a dar y a exigir promesas, son justo esas cosas las que te hacen sentir amarrado, obligándote a buscar la libertad, cosa que es fatal ya que esa liberación consiste casi siempre en romper algo (citando a Benedetti). Seguimos desperdiciándola cuando por ego, dejamos de ver cosas fuera del alcance de nuestros ojos, cuando por gusto enfermo, nos portamos como idiotas intentando aparentar lo que no somos. La desperdiciamos cuando nos damos cuenta de qué camino es el correcto, y sin embargo, tomamos otro muy distinto. Desperdiciamos MUCHA vida intentando aferrarnos a las historias pasadas, sin darnos cuenta de que el único fin de ellas, son el recordarnos siempre sus enseñanzas, nos aferramos al pasado queriendo incluso que siga vivo cuando lo más sano es dejarlo morir, tal vez por el miedo al olvido, por miedo al futuro o por el sentimiento de extrañar un bulto en vez de soñar con un mañana. El ser humano desperdicia justo en su historia mucha vida, creyendo extrañar personas, cuando la verdad es que extraña sentimientos, tanto dados como recibidos, extraña vivencias, extraña lo que alguien fue pero ya no lo es, y en eso pierde mucho tiempo, sintiendo nostalgia por una persona en vez de abrir sus ojos internos para que puedan ver que otros, adelante, están dispuestos a hacer mucho por ellos.

De manera paradójica, muchos otros desperdician la vida desgastándose para que personas ciegas, mas no de los ojos, vean lo que son capaces de hacer, sin comprender que lo primero en lo que deben pensar es que sus esfuerzos muchas veces no conducirán a ningún lado.

Algunos otros desperdician sus vidas en su falta de arrojo para luchar por algo o alguien, saben lo que quieren, pero no van en búsqueda de eso que añoran. Otros en cambio, la pierden por impaciencia, por un mal entendido del significado de la libertad, y así, se alejan de lo que desean, tal vez esperando que eso los alcance, pero sin darse cuenta que la respuesta adecuada es volverse y esperar (siempre y cuando valga la pena hacerlo, de lo contrario también perderían su vida).

Desperdiciamos la vida esperando algo que sabemos nunca va a llegar, en vez de tomar una actitud activa e ir y luchar por lo que amamos, desaprovechamos la vida creyéndonos no merecedores de lo que el camino nos pone enfrente sin entender que la vida y el camino son sabios y por algo hacen las cosas; y a su vez, nos resentimos de lo que recibimos y que creemos no merecer. Así desperdiciamos un factor muy importante de la vida, “Las oportunidades”. Muchas de ellas son únicas y jamás volverán, algunas otras, se encariñan tanto de uno que se vuelven a presentar a su debido tiempo, y está en nosotros no negarnos por absurdos, a recibir lo que se nos quiere dar; sin embargo, tampoco debemos ser ingratos con las oportunidades y regresarles sus acciones con acciones propias que las dañen; eso solo personas con el alma fracturada irreversiblemente, con el alma enferma y destruida son capaces de hacerlo. Es por eso que yo siempre dispuesto o abierto a la idea de segundas oportunidades y explico el por qué.

Todos, a lo largo de la vida, somos aprendices, y como tales es claro que erraremos en  nuestras decisiones; el tiempo y la vida misma nos va enseñando a ser un poco más sabios y cometer menos errores, a saber enmendar los que ya cometimos y a dar marcha atrás de las decisiones que advertimos erróneas; así pues, no podemos no otorgarle a alguien que está aprendiendo a vivir, una segunda oportunidad; solo los tiranos creen tener razón absoluta y creerse con la sabiduría de ser radicales y no dar oportunidades, ellos, personas tan ciegas del mundo que solo le ven dos colores a todo y se pierden de tantas mezclas posibles de tonos y gamas diferentes que embellecen los caminos de todos los viajeros. Pero a la vez, debemos aprender a amarnos a nosotros mismos y no otorgar más oportunidades a quien no merecen dárselas o no da señas de quererlas con sus acciones y no solo palabras. Recordemos que las personas no cambian; las personas maduran, se adaptan, siempre y cuando lo deseen en verdad.

Perdemos el tiempo presionando a que suceda algo, sin ver que entre más lo hacemos, mas nos alejamos de lograrlo, porque lo bueno en este camino que recorremos se lleva su tiempo, se tarda lo que se tenga que tardar y no responde a presiones.

Perdemos la vida conformándonos con lo fácil, ser almas de oscuridad, sin importarnos nada más que nosotros mismos, sin ver que lo difícil es justamente lo que vale la pena en el mundo, ser un alma libre, limpia, de luz. Un alma bondadosa, que sepa darse completamente sin esperar nada a cambio, un alma que sepa dar amor a lo que hace y siente.

Es por eso que yo siempre esperaré a que ese alguien que considero especial me alcance o demuestre que en vez de esperar, deba ir corriendo con una espada o arco sobre un alazán con mis puños desnudos, tal vez, a luchar por su valía, pero también soy consciente de que no debo nublar mi vista al resto del camino, ya que podría dejar pasar o pasar por alto una oportunidad de las que solo una vez llegan; viajando por ríos, lagos, playas, senderos oscuros de densa selva, desiertos inmensos donde creemos no hay vida, volando de aquí a allá, viendo, oliendo, probando, haciendo todo con amor, sin guardar recelos, rencores y odios que solo manchan mis huellas en la tierra. Dándome a los demás hasta que mis fuerzas den, aunque no reciba nada a cambio, sabiendo bien que no puedo perdonar a nadie, ya que el responsable de eso, es el alma de quien lo necesite; aprendiendo a caer pero también a levantarme de las cenizas cada vez. Citando a Juan Bosco, “sin sonrisa no es posible demostrar amistad” y por eso siempre voy sonriendo, no para ocultar mis penas, las cuales, siempre mis ojos las evidenciarán, si no porque tal vez con esa sonrisa pueda abrir la conversación con alguien que la necesite. Sin presionar a nadie ni nada, como dice la frase popular “lo bueno se hace esperar” y es así que yo espero, siempre espero, porque para mí, deseo lo bueno y no lo malo, ya que justo eso, lo bueno, es lo que guardo para dar.

Hoy voy recorriendo un camino en la playa esperando la llegada de alguien a tierra, tal vez llegue, tal vez se atreva a volar más allá de donde se encuentre ahora, tal vez se atreva a querer ser feliz consigo misma y a mi lado a la vez, tal vez no, pero siempre formará parte de mi historia como se que yo soy de la suya; solo el tiempo sabio sabrá que nos depare a los dos; el destino es muy juguetón, tal vez nos ponga cosas distintas frente a nosotros, a lo mejor hace que nuestros senderos vuelvan a unirse, no lo sé, solo espero que el futuro sea lo justo que merezca yo y la otra persona.

La vida es el conjunto de historias, momentos, acciones, sentimientos y más cosas que día a día nos pasan, tanto externa como internamente. Apreciar sus bondades y aceptarlas estamos destinados a hacer, aprender a ser gente de luz y no de oscuridad… aprender a ser nosotros mismos.

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